25/10/12

Los Altos Señores de An-Ki -Prólogo-

Pues revisando mi baúl encontré esta vieja historia que empecé a escribir hace muchos años para Jerosmon, mi primer y gran amigo en Internet... Es una historia fantástica con personajes a los que les tengo cariño. Perdonen mi torpeza al escribir, realmente odio mi incapacidad para hacer descripciones interesantes. No dudo que el texto requiere corrección again, again y ... again... pero tenía ganas de publicar algo en el blog y era esto o un relato suicida de hace unos años... je je je


Prólogo



Otro lugar, otro tiempo, en otro mundo...
Un mundo en el que habitan seres que son parte de muchas de nuestras leyendas...
Este mundo es An-Ki...
Muchas cosas se pueden decir de An-Ki, podemos comenzar por decir que, al contrario de nuestro mundo, aquí sólo han existido siempre cuatro Reinos, grandes y poderosos. Cada uno de esos Reinos son importantes en nuestra historia y ya nos estamos acercando al primero.
Si ves hacia aquella llanura podrás divisar las grandes torres del Reino del Sur. A medida que se acorta la distancia te das cuenta de la grandiosidad de la ciudad principal de este Reino, la que ellos llaman Graikoi. Será en este magnifico lugar donde comenzará nuestra historia.
Al entrar en la ciudad te sientes sobrecogido por sus gigantescas torres esmeralda y la exuberante naturaleza que convive en perfecta armonía con estas estructuras. Por todos lados se extienden enredaderas y sorprenden los jardines floridos; las  fuentes cristalinas y los increíbles animales convierten en lugar en un paraíso.
De vez en cuando puedes ver a un ser alado cruzar el cielo con un jinete humano y te topas con temibles bestias jugando con niños pequeños. En fin... un mundo de sueños para muchos.
Hoy la ciudad está más animada que de costumbre. La mayoría de sus habitantes se han reunido en un gran estadio para presenciar “La batalla de Dragones”. Hoy será elegido el campeón de este juego  que despierta mucho interés entre los Señores del Sur. Un entretenimiento que se  deriva de las antiguas artes de guerra del Reino, en tiempos de paz ha pasado a ser un entretenimiento y una forma efectiva de despertar deseos de superación en las generaciones más jóvenes.
El estadio en el que se llevan a cabo las batallas consiste en una arena de encuentro tan grande como un campo de fútbol de nuestro mundo, rodeada de cabinas ordenadas de forma semejante a las  celdas de un panal de abejas. Cada celda esta protegida por un cristal opaco que no deja ver el interior mas sí permite al ocupante ver la arena del Juego.
En el centro de la arena hay dos jugadores con armaduras de guerra. Uno de ellos la lleva de color negro y el otro azul. Ambos están acompañados por un dragón  tan pequeño que pueden sostenerlos perfectamente entre sus brazos.  Es probable que una iguana de nuestro mundo llegara a ser más grande que estos dragones... ¿acaso la contienda será entre estas pequeñas mascotas?...
Antes de comenzar la contienda una de las celdas sobresale de las demás y su cristal se disuelve dejando ver a  tres solemnes ancianos, son los Maestros de los Juegos, quienes se encargan de juzgar el desempeño de los combatientes y determinan los resultados.
_ La última batalla va a comenzar- declara solemnemente uno de ellos, su voz se escucha por todo el lugar sin necesidad de ningún amplificador - Jugadores, preparen a sus dragones.
Los jugadores lanzan al aire a sus dragones, estos dan unas piruetas en el aire y caen frente a frente con gesto amenazador.
_ Ustedes son los que han logrado superar a los demás jugadores, luchen con honor para demostrar quién es el merecedor de la insignia del Dragón.
En nuestro mundo hubiera sido lógico esperar que aquella expresión se viera seguida de una aclamación del publico o que los dos guerreros y sus mascotas se vieran cobijados por aplausos y vivas. Pero los Señores del Sur parecían preferir ocultar su fascinación tras el silencio frío de los cristales o, quizá, los mayores  procuraban darle cierto aire sagrado a aquella celebración y los jóvenes les seguían. Lo cierto es que la atención de todos estaba puesta en el centro de la arena, aunque no manifestaran abiertamente ningún gesto espontáneo de  entusiasmo.
_ Comencemos la prueba. – Declaró otro de los ancianos
_ ¡Señores del Sur – anuncio el tercer Maestro del Juego- En esta última batalla luchara  Hermias de la familia Anacreonte con su Dragón Kurai-ryu contra el actual campeón Vleis de la familia Xenócrates con su dragón Aoi-ryu.
Dentro de una de las celdas, dos jóvenes observan  con sus dragones. El dragón de uno de ellos, que reposaba en su regazo,  reaccionó en el acto al  oír al Maestro y de un salto se acercó al cristal para ver hacia la arena. Luego se volvió hacia su amo y lo interrogó con la mirada. Dentro del capuchón con que su amo se cubría  apareció una sonrisa amigable.
_ Tranquilo Aoi.- dijo el joven- Recuerda que cedimos nuestro lugar a Safo y Shiroi.
Aoi sonrió aliviado y saltó a las piernas de su amo para continuar dormitando. El joven Vleis le acarició con cariño. Llevaba una túnica ceremonial, como todos los presentes. Como cada quien la llevaba según su Escaño social  la suya era verde y blanco mientras que la de su compañero Cárax era roja y marrón. Además su amigo no usaba el capuchón porque, al contrario de él, no tenía nada que ocultar.
Debajo del capuchón de Vleis apenas podía adivinarse un rostro que difícilmente podía definirse si era de hombre o de mujer. Lo que estaba a la vista era su figura alta y delgada y sus ademanes elegantes.
 Al ver  a Cárax descubrimos un joven de cabello castaño y ojos rojizos. Más bajo de estatura que su amigo y más grueso. Tiene cierto aire travieso. Su mirada deja adivinar un espíritu inquieto, curioso  y lleno de bondad.
Curiosamente, los dragones de los jóvenes se parecían algo a estos. Además de tener el mismo color de ojos que sus amos, Aoi mantenía una actitud tranquila y serena, mientras que el dragón de Cárax, una hembra, no paraba de saltar de un lado a otro observando la arena.
También ella se había alarmado al oír el nombre de Aoi y al ver la reacción de este golpeó el cristal llamando la atención de su amo.
_ Ya sé Akai, todos creen que Aoi es quien esta enfrentando a Kurai. ¡esperemos que sigan pensando así o tendremos problemas! – bromeó el joven, pero a su pequeña dragón no le hizo gracia la situación y saltó sobre él regañándole. – ¡Calma!, ya se que no estabas de acuerdo, pero ya sabes lo terca que  es Safo!... Además, nadie se dará cuenta, ya veras.
Akai se llevó las manos a la cabeza y simuló desmayarse sobre su amo. Los dos jóvenes y Aoi rieron de su dramática interpretación.
_ No te molestes con Cárax. – le dijo Vleis – Mira, Aoi  y yo estamos muy tranquilos, no necesitamos ganar la insignia del Dragón otra vez.
Aoi confirmó estas palabras con una sonrisa.  Pero la inquieta Akai no estaba de acuerdo con la conformidad de su  colega y saltó sobre él. Aoi cambió en el acto su actitud pasiva y perezosa y se hizo  a un lado. Ella lanzó su grito de guerra y este respondió poniéndose en guardia.
_ Ya basta. – les regañó Vleis sujetándolos hábilmente de sus colas y levantándolos en el aire - La lucha entre dragones es en la Arena, compórtense. – Su dragón le respondió señalando a Akai y emitiendo gruñidos acusadores.
_ Aoi tiene razón, – dijo Cárax tomando a su dragón en los brazos- es culpa tuya, Akai. Te has portado muy mal-  Se sentó sujetándola con fuerza para obligarla a tranquilizarse. La pequeña no tuvo más remedio que guardarse su opinión y observar la lucha que ya había comenzado.
En la arena, apenas recibieron la señal de los Maestros, los dos jugadores transformaron a sus dragones en otro animal. Esa era la habilidad de los pequeños animales, podían tomar la forma de cualquier otro ser según el deseo de sus amos.
_ Un momento Kurai - dijo el joven Hermias al oír a su oponente dar ordenes a su dragón- Esa no es la voz de Vleis y ese no es Aoi.
Su Dragón, que se había convertido en un enorme Casdanago, una especie de rinoceronte con rostro de reptil, detuvo su embestida contra el otro dragón que había transmutado en un fadanago, un reptil que camina en dos patas con una enorme cola y tan grande como un elefante.
_ ¿Quién eres tú?... ¿Acaso eres Safo?...
_ ¿A quién esperabas?- Le respondió su oponente.
_  ¡¿Estas loca?! No te corresponde esta batalla.
_ ¿Te asusta enfrentarte conmigo?
_ Por supuesto que no, eres más fácil de vencer que Vleis. Pero los Maestros van a...
_ ¡Menospreciaste a Shiroi y ahora te lo voy a hacer pagar! Así que prepárate  a luchar
_ ¡Sólo hice un comentario...! – exclamó desconcertado
_ ¡Nadie subestima a mi Dragón! – declaró con un tono terrible la chica- vamos, continua la batalla para darte una lección.
_ Te vas a meter en problemas... pero te daré gusto... ¡Adelante Kurai!
Su dragón se lanzó con todas sus fuerzas esgrimiendo  su enorme cuerno contra Shiroi pero este lo esquivó y  acertó a darle un latigazo con su cola en un costado.
_ Buen movimiento, pero Kurai no se dará por vencido ni yo tampoco.
La batalla continuó. Shiroi comenzó a ganar ventaja sobre su oponente gracias a su velocidad al cambiar de forma y a las acertadas elecciones de su ama. Pero Hermias supo defenderse y poco a poco fue entendiendo a su enemigo logrando que  Kurai respondiera cada vez mejor a los ataques, hasta el punto en que fue difícil definir al ganador.
Desgraciadamente la batalla fue interrumpida abruptamente por los Maestros del Juego.
_ Esta batalla debe suspenderse.
_ ¡¿Qué?!- chilló la joven y casi todos los presentes, era algo fuera de lo común.
El cristal de la celda de la familia Principal se disolvió y dejó ver a la pareja Real, las dos majestades estaban erguidos y muy molestos.
_ Safo de la familia Real de Arcesilao, has violado las reglas de las batallas de  Dragones...- declararon con cierto aire fatalista- Has tomado el lugar de otro jugador sin autorización.
_ Se dieron cuenta antes de lo que pensé- se lamentó y devolvió a su dragón a su forma pequeña, este saltó a su hombro y gimió preocupado - No te preocupes, sólo recibiremos un castigo, cariño.- le tranquilizó sonriendo y guiñando un ojo.
_ ¿Dónde se encuentra el Campeón?- preguntó el Rey furioso.
_ Bueno, ya no tiene caso mantener este disfraz- Dijo Vleis levantándose y quitándose el capuchón.
Al hacerlo dejó ver su rostro: era un joven hermoso de ojos azules y cabello rubio, su expresión firme y valiente le daba cierto aire de autoridad. Tocó una joya que llevaba sobre su pecho y su traje cambio a otra túnica de color azul. Era la túnica ceremonial de su clan, había estado haciéndose pasar por Safo, ahora debía enfrentar las consecuencias de su ocurrencia con ella.
_ Cárax, trataremos de dejar te fuera de esto.
_ ¡¿Estas loco?!, pueden echarme la culpa de todo si es necesario. Recuerda que somos un equipo, lo que quieran hacerle a Safo tendrán que hacérnoslo a los tres.
_ De acuerdo – Le respondió estrechando su mano- Luego se dirigió a los dragones- Lo lamento, ahora también están metidos en este problema.
Aoi saltó hacia su amo, quien lo sujetó en el acto para recibir un beso reptilezco en su mejilla.
_ Gracias... mi pequeño.
Akai por su parte trepó por el cuerpo de su amo y le pellizco la cara.
_ ¡Ya entendí, ya entendí!- chilló él - Tú me lo advertiste. Pero, ¿me vas a dejar solo ahora?.- como respuesta ella lo miró conmovida un momento para luego abrazarlo ahogada en lágrimas - Ya sé, ya sé... estamos juntos en todo.
Los dos jóvenes con sus dragones se unieron a Safo y a Shiroi en la arena para enfrentar las consecuencias de su actos.
_ Podemos prepararnos para lo peor- les dio Safo tocando la piedra que también llevaba en el pecho- Papá luce muy molesto.
Su armadura cambió a una túnica blanca idéntica a la que llevaba Vleis anteriormente. Ya sin casco dejó ver que se trataba de una jovencita de cabello largo y abundante color castaño claro, con los ojos verdes y una expresión extraña: una mezcla de tenacidad e ingenuidad difícil de describir.
_ No te preocupes, - le tranquilizó Vleis - no va a ensañarse con su propia familia.
Pero al ver la mirada llena de ira del Rey no se podía menos que esperar lo peor...  


...El castigo iba a superar sus expectativas...

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