5/8/14

Engendrando El Amanecer - Capítulo X

Para irme de vacaciones con una sonrisa en los labios les dejo el capítulo X.  La novela está saliendo de su arco inicial, finalmente se presenta el último personaje principal y conocemos otros secundarios, a decir verdad, hay muchos nombres que recordar en este capítulo. Un capítulo bastante largo, por cierto.

Espero que pasen unas felices vacaciones. Yo me voy de viaje a ver a la familia y estaré algo desconectada.  


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En los días que siguieron al encuentro con Miguel, Maurice se mantuvo lleno de ánimo, luciendo su sonrisa más radiante. Yo me debatía entre la alegría de verle feliz y la amargura de saber que el motivo no era mi compañía. No perdía ocasión para hablarme de su primo, de sus recuerdos de infancia y de las novedades que le había contado en el baile.
—Cuando habla de sus hijos —dijo embelesado—, se le ve muy feliz. Él no estaba contento con su matrimonio porque lo obligaron a casarse muy joven. Gracias a sus hijos, parece haberse conformado. Siempre supe que mi querido Miguel sería un padre cariñoso. ¡Vassili, no tienes idea de cuánto me alegra verle contento!
Me mortificaba ver cómo se le transfiguraba el rostro al hablar de su "querido Miguel". Me abstenía de hacer comentarios o preguntas que pudieran alargar la conversación. No quería que me siguiera torturando, mientras se deshacía en alabanzas por su primo.
Lo más desagradable fueron sus visitas al palacio de las ninfas. Como Monsieur De Meriño no se dignaba volver a Versalles, Maurice fue visitarle varias veces. Y yo me veía obligado a pasar el día sin otra compañía que un centenar de nobles que no me interesaban y el mortificante Raffaele.
—No dirá que no se lo advertí, Monsieur —se mofaba, mientras disfrutaba sin reservas de mi infortunio—, acostúmbrese al sabor de su indiferencia.
—Maurice no es indiferente conmigo —le refuté—, ya verá cómo sigue siendo atento y cariñoso cuando vuelva.
—Y ya verá usted cómo basta una palabra de Miguel para que Maurice se vaya a vivir con él en el Palacio de las Ninfas. Yo esperaba que ocurriera lo contrario, que Miguel viniera a vivir a Versalles. Pero se ve que la jugada me ha salido mal.
—¿Y por qué no va con Maurice a visitar a su querido primo?
—Ya le dije que prefiero dejarles su tiempo a solas. Además, ¿qué haría usted sin mi compañía?
—Se me ocurren un sinfín de cosas muy útiles y agradables…
—¡Qué ingrato es usted, Monsieur! —exclamó, mostrándose ofendido con un gesto teatral, para luego regalarme esa fiera sonrisa que tanto me intimidaba.
Para mi dicha, no me equivocaba. Maurice, a su regreso, seguía siendo el mismo de siempre. La única diferencia notable era que estaba de muy buen humor. Ya ni siquiera se quejaba de Versalles y empezó a disfrutar de algunas actividades, como la cacería. Esto era de esperarse porque, desde niño, se había destacado en esta actividad. Le encantaba el ejercicio, el reto y tener una excusa para disparar un arma. Esto último sobre todo, sentía un gran orgullo por su puntería.
Gracias a que Raffaele estuvo ponderando su habilidad ante el Rey, éste le puso atención a Maurice durante una de las jornadas de caza y, al final, le felicitó. Mi amigo no mostró ningún entusiasmo porque estaba frustrado después de haber fallado unos cuantos tiros.
—Gracias, su Majestad, pero la verdad es que lo he hecho bastante mal. Aún me queda un largo camino para estar a su altura. Su desempeño en cada jornada es asombroso.
Luis XV estaba acostumbrado a la adulación y aquello se lo tomó como tal. Aunque, probablemente, aquel era el halago más sincero que le habían hecho. Río de buena gana y continuó conversando con Maurice, Raffaele y este humilde servidor por un rato más. Lamentablemente, esto nos ganó miradas llenas de envidia que, a la larga, iban a convertirse en un problema.
No es recomendable hacer enemigos en Versalles. Y, una vez hechos, no es conveniente perderlos de vista. Nosotros debimos estar más alerta sobre Sophie. En cambio, la dejamos de lado… ¡Grave error! Estoy seguro de que aquella mujer se mantuvo acechándonos durante días. Buscando aliados en nuestra contra, preparando su estrategia. Y esperando a que se presentara la oportunidad para lanzar su ataque.
Éste llegó en una de las noches de fiesta que Luis XV organizaba para agasajar a sus cortesanos con abundante comida. Maurice fue a pasar la noche en el palacio de las ninfas, a fin de evitar el exceso de compañía que significaban estas veladas; Raffaele entretenía al rey y a madame Du Barry, y yo me encontraba haciendo uso de mi habilidad para socializar, mientras disfrutaba de los deliciosos platillos. Obviamente, me convertí en presa fácil.

Sigue...
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