16/11/15

Relato - Memorias de la Sangre: Estigma


Como esta semana no voy a actualizar Engendrando el amanecer, les comparto este relato que escribí para el último número de la revista Yaoi Niwa. Es sobre Vampiros. Quise crear mi propia versión de estos monstruos tan seductores, por supuesto que es difícil ser original con tanto como se ha escrito respecto a los bebedores de sangre. Espero que les guste el resultado.  

Memorias de la Sangre-Estigma es la precuela de una novela que quiero escribir más adelante. Ahora mismo está en esquema. Les dejo la primera parte, que es acta para todas las edades. Para leerlo completo deben descargarlo o ir a Wattpad  y Amor Yaoi

Me encantaría conocer su opinión sobre el relato, así que no olviden dejar un comentario.   
Sinopsis:
La vida de Caden se encuentra en crisis, como la de muchos hoy en día. Pero él no es como la mayoría. Su existencia está marcada por la sangre de un vampiro milenario y en su casa esconde un inquilino misterioso. 
Género: Drama.Vampiros. Erótica Gay (Homoerótica, yaoi).
Safe Creative #1511175796456

Caden leyó su nombre de nuevo. Los trazos de su firma en el documento de divorcio estaban lejos de mostrar seguridad, aunque consideraba que había tomado la decisión correcta. El abogado había acordado recoger el ignominioso papel al amanecer, sellando así el fin de cuatro años de matrimonio.

Su único pesar eran sus dos hijos. Los gemelos amaban a su madre como cualquier niño lo haría, y no se les podía ocultar o suavizar con mentiras la causa del divorcio. Eran sus hijos y como él tenían sangre de vampiro corriendo por las venas. Ya habían leído la mente de su ex esposa, sabían que ella no soportaba seguir siendo parte de la familia Taylor.
Él no sentía rencor hacia Madeleine. Consideraba que había aguantado aquella unión hasta el límite de su salud mental y emocional. Era una mujer fuerte, por eso fue elegida como su esposa. Pero aun siendo una ex soldado, capaz de enfrentar junto a él los ataques de vampiros de otra estirpe, quedó devastada al experimentar cada día que sus hijos no eran del todo humanos.
Tener en las venas la sangre de Andréas, un vampiro con más de dos mil años de existencia, implicaba que los Taylor eran excepcionales en muchos sentidos. Por un lado, padecían de anemia, fotodermatosis aguda y alteraciones en el procesamiento sensorial.
Por otro lado, poseían fuerza y velocidad superior a la de una persona promedio, envejecían lentamente, eran inmunes a la mayoría de las enfermedades, y su cuerpo se regeneraba después de sufrir alguna herida de manera casi instantánea. Algunos llegaban a desarrollar poderes psíquicos, con lo que pasaban a ser considerados "descendientes directos" del vampiro milenario que los originó.
Llevar una vida normal no era una opción para un Taylor. Caden lo sabía bien, porque lo había intentado. Sonrió al recordar su rotundo fracaso durante los escasos dos años que soportó en la universidad, viéndose obligado a volver a tomar tutores privados. Ese sería también el destino de sus hijos. Ya no pudo mantener la sonrisa.
Observó su reflejo en la ventana de su piso en Belgravia, el exclusivo barrio del centro de Londres que había elegido para vivir. Su cabello castaño claro estaba aún correctamente peinado hacia atrás. Se lo alborotó con una mano para que los mechones le cayeran libres sobre la frente. Le gustaba usarlo largo, pero, por ser CEO de una importante Fundación, debía adoptar una apariencia formal. El azul de sus ojos le pareció muy tenue, mala señal. La palidez de su piel era un dato usual.
—Voy a terminar pareciéndome Johnny Depp en una película de Tim Burton —dijo, refiriéndose a sus prominentes ojeras.
Llevaba un traje gris, con la corbata negra a medio deshacer destacándose sobre una insulsa camisa blanca. Un atuendo costoso, pero que él cambiaría con gusto por algo más deportivo.
Estaba cansado y molesto. La reunión de emergencia de esa tarde lo había obligado a "madrugar". Igual que el resto de su familia, dormía de día y vivía de noche. Aunque las últimas semanas su crisis matrimonial le había causado insomnio.
—Necesito beber.
Sí, la sangre lo curaba todo. Ese era otro aspecto interesante de los Taylor, necesitaban sangre para estar saludables. Sus sentidos se equilibraban y los efectos de la anemia desaparecían. Preferían sangre humana, que conseguían fácilmente gracias a su dinero. Sin embargo, los que eran "descendientes directos" requerían de la sangre de su ancestro para controlar sus poderes y no perder la razón.
Los hijos de Caden no habrían sobrevivido sin consumir la sangre de los vampiros de la estirpe de Andréas. Cuando comenzaron a recibir las "dosis", su matrimonio se precipitó hacia el final. Madeleine ya no podía verlos como humanos. Incluso él empezó a parecerle monstruoso, a pesar de haber sido amigos y compañeros de batalla por años.
Caden le dio la razón, cuando la sed le afectaba podía perder todo rastro de humanidad. Además, él había desarrollado un ritual bastante inusual para beber la sangre de su vampiro guardián. Ella nunca lo presenció, pero intuía que debía ser algo inaceptable y lo repudiaba.
Se despojó de la chaqueta y la corbata y las arrojó sobre el sofá. Pasó por la habitación de los niños para asegurarse de que dormían; le quedaban unas horas antes de tener que invertir toda su energía en entretenerlos. Entró a su despacho, cerró la puerta con llave y sondeó los alrededores con su mente para asegurarse de no ser espiado.
Siempre tomaba muchas precauciones. Poseía un secreto que ocultaba de su propia familia: Era homosexual. Toda una vergüenza para su padre, quien quería postularlo como futuro líder de los Taylor. Cuando sospechó que Caden tenía esta orientación, lo obligó a casarse y probar que era digno de ser su hijo.
Cada generación elegía al miembro más fuerte como cabeza de la familia. En el presente, ese puesto lo ocupaba su tío, George Taylor. Un hombre moderno que dedicaba su vida a buscar una cura científica para la anemia que los afectaba.
El padre de Caden siempre había competido con su hermano para ser el líder. Al no ser elegido por los ancianos de la familia decidió crear la Fundación Lazarus buscando opacar a su hermano, dando a los Taylor un enorme bienestar económico.
Las actividades de la fundación abarcaban inversiones en el sector agropecuario, minero y farmacéutico. Así como el comercio de antigüedades, el fomento de la cultura y la filantropía. Pero todo era una pantalla para continuar el legado familiar.
Desde que fueron convertidos por Andréas, más de cien años atrás, al engendrar al primer híbrido de humano y vampiro, cada descendiente se había dedicado a una sola cosa: Velar para que el sueño de su ancestro no fuera perturbado, y sobrevivir a los ataques de otros vampiros que consideraban su existencia una abominación.
Los Taylor contaban con la ayuda de un ejército formado por vampiros de la estirpe de Andréas. Miles de monstruos dormían bajo la casa principal en el condado de Gloucestershire. Otros estaban distribuidos por toda Europa, como guardianes de cada miembro de la familia.
Durante centurias gozaron de una relativa tranquilidad, hasta que otro vampiro milenario envió a los miembros de su estirpe contra ellos y estalló una guerra larga, secreta y terriblemente cruel.
La madre de Caden fue una de las víctimas. También era una Taylor, prima de su padre, pero sin otro poder que el de la telepatía. El día en que la asesinaron marcó el fin de la infancia de sus hijos; estos apenas tenían once años.
Caden y su hermana gemela, Bethanie, comenzaron a entrenarse como soldados. Al cumplir catorce, se involucraron en su primera batalla. Su don particular para la piroquinesis y telequinesis probó entonces ser muy valioso. Pero nada superó el temor que despertaba su primo Ethan, quien era capaz de controlar la mente de los vampiros enemigos y sumirlos en una pesadilla para que se mataran entre ellos.
Los vampiros que su ancestro había dejado como generales les consideraron sus iguales, dejando que batallaran a su lado, aunque no fueran más que adolescentes. Al final, el otro bando aceptó pactar, y la guerra terminó cuando Caden tenía diecinueve años.
Frunció los labios al recordar como él, su hermana y su primo habían luchado por sobrevivir a su condición, a la guerra y, de manera especial, a sus exigentes padres. Ser un Taylor les había pasado factura. Ninguno pudo asistir a la escuela. Todo lo habían aprendido de sus parientes, maestros privados y, sobre todo, de sus guardianes vampiros. Se les dificultó mucho mantener una vida "normal". Ya no se sentían humanos.
Cuando Caden se enamoró de un compañero de clase en la universidad, pasó por una gran crisis de autodescubrimiento. Decidió ocultar su homosexualidad, a pesar de que mantener un secreto dentro de una familia de psíquicos requería de un gran esfuerzo. Aprendió a crear y mantener una barrera mental permanente, y se hizo cada vez más huraño.
Así quedó atrapado. Nunca pudo hacer lo que quería ni expresar sus sentimientos ante otros. Su hermana dependía mucho de su apoyo, por lo que no quería mostrar debilidad ante ella. Su primo Ethan, menor que él por dos años, apenas podía controlar su descomunal poder y seguramente iba a ser capaz de atravesar su barrera. Empezó a evitarlo con la excusa de ser su rival por el puesto de líder.
Después de abandonar derrotado la universidad, se independizó. Comenzó a vivir solo con su guardián en aquel piso. Descubrió entonces que podía contar con este como amigo. Lo conocía desde niño, pero era la primera vez que convivían a solas.
Este guardián, Cassius, era un soldado romano que había sido convertido en vampiro por Andréas, antes de que Roma fuera un imperio. Era muy poderoso debido a su edad, pero manifestaba la personalidad de un autómata, porque era un esclavo.
Había una gran diferencia entre un vampiro amo y un esclavo. La misma que entre una persona y un robot programado. Los esclavos carecían de voluntad propia y dependían de su creador para sobrevivir. Alejarse por mucho tiempo de este los hacía sufrir hasta el punto de preferir quitarse la vida.
Cuando un vampiro amo moría, todos sus esclavos enloquecían y terminaban convirtiéndose en lo que los Taylor habían bautizado como "golem". Seres que perdían poco a poco su forma humana, como si su carne estuviera hecha de arcilla y fuera humedeciéndose poco a poco. Sin inteligencia ni voluntad para hacer otra cosa que esperar por un nuevo amo, que podía llegar muy tarde. Algunos olvidaban alimentarse o resguardarse de la luz del sol y encontraban un triste final.
Pero, si otro vampiro los hacía parte de su estirpe, como un injerto de última hora, podían seguir llevando la triste vida de un esclavo, permaneciendo deformes, porque el daño sufrido a sus cuerpos era irreversible.
El ejército de Andréas contaba con miles de estos golem. A Caden siempre le habían agradado por ser tontos y expresivos. Su querido guardián era todo lo contrario. Un excelente estratega, una feroz máquina de muerte ideal para la guerra, pero el compañero menos interesante para una conversación amistosa. Tuvo que esforzarse mucho por enseñarle a ser más "sociable".
Cassius no recordaba su vida como humano. Sus memorias comenzaban desde el primer momento en que abrió los ojos como bebedor de sangre. Lo único que sabía de sí mismo era su nombre y todo lo aprendido como legionario. Fuera del campo de batalla era igual que un niño apático.
En él, Caden encontró alguien que le escuchaba sin juzgarle. Hablaba poco, mas siempre decía lo que necesitaba oír. Desde que se conocieron, su guardián fue para él, según la circunstancia, un maestro paciente de historia o un exigente entrenador de defensa personal. Un ser que no le temía por sus inusuales poderes, ya que él también los poseía y en mayor grado.  
Su compañía le liberaba de la soledad, de la confusión, de la horrenda certeza de ser distinto al mostrarse su igual en muchos aspectos. Cassius era alguien con quien podía ser él mismo y que le hacía sentir completo.
Al convivir juntos, sin nadie más alrededor, fueron intimando. Caden descubrió un día que se había enamorado. Aunque sabía bien que Cassius era un esclavo y que sólo estaba obedeciendo órdenes de su ancestro, no refrenó lo que sentía y se entregó por completo a su secreta pasión.
Ya había asumido que ningún humano iba a aceptarlo por completo. Decidió aferrarse aún más a su lado vampiro hasta el punto de que su primera experiencia sexual fue precisamente con su guardián. Pasó algún tiempo sumido en la ilusión del primer amor, hasta que su padre le exigió que se casara y diera una descendencia a su linaje.
Respiró aliviado al pensar en que la farsa que representó con Madeleine por fin había terminado. Observó cómo el atardecer llegaba a su fin y daba paso a la noche. Hizo que la pared falsa que tenía en su despacho se moviera, dejando al descubierto una puerta de metal reforzado.
Su ex esposa odiaba aquella puerta. Odiaba que un monstruo durmiera en su casa de día y deambulara libre por la noche entre ellos. Odiaba irse sintiendo fuera de lugar, mientras un vampiro resultaba mejor para cuidar de sus hijos y apoyar a su esposo. Lo odió tanto que terminó destrozada.
Abrió con telequinesis la puerta, cuyos cerrojos sólo podían accionarse desde dentro. Atravesó el umbral y contempló al vampiro durmiendo en una enorme cama de sábanas negras. Cassius era alto, de espalda ancha y músculos pronunciados. Tenía el cabello negro muy corto y su rostro mostraba una expresión adusta. Llevaba puesto un bóxer azul.
Caden se quitó la camisa y se acostó a su lado. El cuerpo del vampiro no sólo tenía el color y la dureza del mármol, también se le asemejaba en su frialdad. A medida que despertaba se hacía flexible, pero no ganaba calidez.
—Debo alimentarme —dijo Cassius, con su tono más formal al verle a su lado—. Es peligroso para ti entrar antes de que me alimente.
—Bebe mi sangre —sugirió Caden, con la voz cargada de deseo.
***
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