18/2/13

¡Gracias Hans... Asperger!


Hace unos cuantos años el  Doctor Hans Asperger me hizo un gran favor. Notó que había niños con características que les hacían diferentes a los demás. Eran autistas pero distintos a otros autistas. 

Años después de su muerte, la doctora  Lorna Wing rescató su trabajo y bautizó el Síndrome que el buen doctor había logrado delinear con su apellido: Síndrome de Asperger. 


Así quedamos definidas las personas que nacemos con una condición que pertenece al espectro del autismo, porque el autismo abarca un amplio abanico de desórdenes. 




Todavía a la ciencia le queda un largo camino para comprender el Autismo pero al menos ya entienden que los Asperger existimos. Eso es bueno porque el mundo se vuelve terrible cuando está dominado por la ignorancia. La ignorancia lleva a que personas con Asperger suframos Bullying desde niños y soportemos verdaderos infiernos sólo por nacer como nacimos. Mientras más personas conozcan que hay gente diferente más posibilidad tendremos de que sean tolerantes y hasta amables.

Yo tuve suerte... mi familia no se dio cuenta de que yo era una niña diferente. Creo que en parte se debió a que mi madre tiene rasgos Asperger. Nunca ha sido diagnosticada pero los rasgos están ahí lo mismo que en toda la dinámica familiar. 

 Mi historia en la escuela no fue mala. Jamás hice lo mismo que los otros, pero los profesores no se molestaban mientras tuviera buenas calificaciones. Y no sufrí Bullying por parte de mis compañeros, o si lo sufrí ni me enteré porque vivía en mi propio mundo, ese de dónde saco las historias que quiero escribir. 

Al llegar la adolescencia, todo se complicó. Tratar de entenderme a mí misma fue muy duro. Me faltaban datos de interpretación. Decidir una carrera fue un suplicio, lo que no me interesaba no me interesaba, así fuera lo más aconsejable y productivo. Y yo quería cambiar el mundo, luchar por la justicia, hacer que las cosas fueran correctas. 

Pero lo más difícil siempre fueron las relaciones interpersonales al llegar a la mayoría de edad. La competencia y la envidia, los juegos de poderes, los dobles sentidos al hablar, la mentira, la manipulación... Sufrí Bullying en plena juventud y no podía defenderme, era algo más que ingenua. Y por supuesto vino la depresión y los deseos de suicidarme. 

Gracias a una depresión severa descubrí que tenía Asperger porque obviamente busqué ayuda psicológica. Entonces pude al fin entenderme a mí misma y a este universo. Entonces pude ser yo misma y empezar a sentirme ser humano. 

No lamento ser Asperger. Lamento el tiempo en que no lo supe. Ahora entiendo que hay cosas que no puedo hacer y cosas que sí. Tengo días malos en los que siento toda la dificultad de mi condición aplastándome y otros en que me siento superman. 

He logrado hacer amigos, pocos pero extremadamente positivos. He logrado conectarme con mi familia. Y he encontrado en mis intereses obsesivos una manera de ser útil a la sociedad y sobre todo de que mi vida no sea insignificante ni aburrida. He logrado amar y ser amada, lo cual no ha sido una cosa romántica y rosa sino toda una lucha. Creo que no hay nada más arduo que amar y dejarse amar.   

Por supuesto que me siento sola todo el tiempo. Y desconectada. Y metida dentro de una caja de cristal desde la que puedo ver a lo lejos y en la que, cuando intento tocar, no lo consigo. Pero, como expresé en otra entrada, he aprendido a vivir con eso. 

He aprendido que aún sintiéndome así no estoy sola. Me quiero a mí misma y no cambiaría ser como soy, no ahora en que encuentro al fin sentido a todo. Sé que siendo Asperger puedo también alcanzar plenitud  humana. Además experimento que puedo ayudar a la gente, que soy capaz de hacer por otros lo que antes alguien hizo por mí.

Tengo una larga lista de gente a la cual dar gracias por ser feliz ahora, gente que me ayudó, que me miró con fascinación y esperanza en vez de reprocharme lo rara, o sentirse amenazados por mi estilo de inteligencia. Gente que me reveló lo maravillosa que soy, las grandes posibilidades que tengo, lo mucho que puedo aportar. 

Y quiero empezar por darle las gracias al Doctor Hans Asperger, porque su trabajo permitió que yo llegara a entenderme a mí misma y conseguir mi lugar en el mundo. ¡Muchas gracias Hans!



El diseño de rompecabezas de este lazo refleja el misterio y complejidad del autismo
Los diferentes colores y formas representan la diversidad de estos que viven con este desorden.
 La alegre brillantez del lazo señala esperanza - esperanza a través de la búsqueda y el aumento de conocimiento en personas como tú 

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